Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Casi todos conocemos o hemos leído del crecimiento espectacular de China desde dos decenios, quizá algo más, hacia acá. Realmente, es asombroso y compite con la nación hegemónica que gobierna desde 1945 hasta el presente, los Estados Unidos de Norteamérica.
Por las noticias diarias notamos que se encuentran siempre en proceso de acuerdos permanentes ambas naciones, con la ventaja para China que sus gobiernos son de largo plazo mientras que la contraparte se ve afectada por cambios regulares de presidentes provenientes de dos partidos con visiones distintas y un rival común que ha ido avanzando a pasos agigantados.
Pero dada la importancia de ese mercado emergente y otros de la misma zona, en la economía mundial se hace necesario analizar la necesidad actual de la dependencia de un mercado interno basado en la demanda propia más que enfatizar su desarrollo en las exportaciones como hasta el presente, que deben ser dirigidos, estos esfuerzos para estabilizar los sistemas económicos y financieros mundiales.
La acertada estrategia asiática del crecimiento orientado a las exportaciones ha estado incidiendo de manera marcada en los desequilibrios mundiales en los últimos años aportando su cuota a la actual crisis mundial, un tema muy cuestionado.
Estos marcados desequilibrios proporcionaron dinero barato que empeoró los problemas básicos derivados de los sistemas regulatorios en Estados Unidos y otras naciones desarrolladas en el mundo occidental.
Estos desequilibrios siguen siendo preocupantes porque de producirse un ajuste organizado ya sea a través de una fuerte caída del dólar o de una contracción prolongada de la actividad económica en los países avanzados de la unión europea y otros, resultan muy costosos, perjudiciales para los mismos y para todos.
Por tanto, a China y otras economías del área le sería muy útil y hasta beneficioso atender a su demanda interna con sus tasas de crecimiento por un quinquenio, que redundaría en más beneficios para los ciudadanos de este país.
Si se fijan un objetivo claro de reequilibrar el mercado cabe preguntarse ¿cómo se hará? del externo al interno o sea pasar a mejorar la demanda propia, en términos de la composición interna. No hay una respuesta definitiva. Hay que evaluar la evolución de los mercados emergentes de China, Corea, India, Indonesia y Tailandia para luego determinar cómo ese crecimiento mejora el bienestar de su propia gente en estas economías.
Los economistas empleamos una serie de indicadores para examinar la evolución de los principales componentes del PIB y del empleo básicamente. En las últimas décadas la proporción del consumo privado compuesto por los hogares en el producto interno bruto se ha reducido en las principales economías emergentes de Asia.
China: El consumo de los hogares representa solo alrededor del 38 %-40% de su PIB, una cifra obstinadamente baja frente a la media global superior al 60%. Este fenómeno se debe al «efecto riqueza negativo» provocado por la caída del sector inmobiliario, la cultura del ahorro, el elevado desempleo juvenil y el declive demográfico. En cambio, las proporciones de la inversión y de las exportaciones netas aumentaron considerablemente en ese país.
India: Se estima que la participación del gasto en consumo privado final (GCPF) en el PIB de India aumente al 61,5% en el año fiscal 2026, lo que indica un dinamismo distinto al de China.
El crecimiento de la inversión contribuyó en gran medida al aumento de las tasas de crecimiento globales de China e India, y representó casi la mitad del crecimiento del PIB global. En China como es de suponerse el aumento de la inversión ha sido una de las principales fuentes del crecimiento PIB, el otro factor ha sido el crecimiento de las exportaciones.
A pesar del crecimiento de la inversión el modelo chino se ha traducido en un limitado crecimiento del empleo apenas un 1% al año es decir alrededor de una décima parte de la tasa de crecimiento del producto, lo que resulta extraño para su caso por caracterizarse por una economía con una fuerza de trabajo enorme y un subempleo considerable.
Y esto se refleja en un alto crecimiento de la productividad con baja tasa de crecimiento del empleo que es de amplia preocupación para el gobierno chino. Los males del capitalismo son los mismos, en cualquier parte hasta en el Dragón Asiático, y su doble modo socialista centralizado y capitalista avanzado. Esto tiene implicaciones para la estabilidad económica y social.
Los desequilibrios internos y mundiales están interrelacionados a través de la cuenta corriente de la balanza de pagos, es decir la diferencia entre el ahorro nacional y la inversión. El exceso de ahorro de China totalizó unos 160 billones de yuanes (aproximadamente USD 22-23 billones a mediados de 2025. Este elevado ahorro interno se tradujo en un superávit comercial récord en China, que en 2025 alcanzó los USD 1,19 billones.
A pesar de que la economía creció un 5% en 2025, el consumo interno se desaceleró. Los hogares prefirieron el ahorro (liquidez) frente a la inversión o el gasto, debido principalmente a la crisis inmobiliaria prolongada y la incertidumbre laboral.
Desequilibrio estructural: Este alto nivel de ahorro, combinado con un crecimiento moderado del consumo, indica un desequilibrio estructural donde la riqueza se acumula, pero no se traduce en un consumo interno fuerte. Hay que estudiar a fondo al premio Nobel de Economía 1985 Franco Modigliani un Ítalo-norteamericano en su obra “Life Cycle, Individual Thrift and the Wealth of Nation” “Ciclo de Vida, Ahorro Individual y Riqueza de las Naciones” publicado el 9 de diciembre de 1985 para entender los problemas de China.
A pesar de que la economía creció un 5% en 2025, el consumo interno se desaceleró. Los hogares prefirieron el ahorro (liquidez) frente a la inversión o el gasto, debido principalmente a la crisis inmobiliaria prolongada y la incertidumbre laboral.
El superávit comercial también dominado por China, es el principal determinante del superávit en cuenta corriente de la región.
China, Corea e India esas tres economías representan alrededor de las tres cuartas partes del PIB de Asia (excluido Japón). Y las tres han experimentado a través de los años un aumento del ahorro corporativo. En China, la proporción del ahorro corporativo registró un marcado aumento y representó la mitad del ahorro nacional. Pero llama la atención poderosamente que en la India (que viene ascendiendo rápidamente en su participación en el comercio mundial) el ahorro de los hogares sigue siendo la principal fuente de ahorro nacional y ya representa alrededor del 20% del PIB. En Corea el ahorro de los hogares se ha reducido desde finales de los años 90, lo que ha contribuido a un ligero descenso del ahorro nacional global.
El ahorro corporativo refleja las utilidades no distribuidas que a su vez dependen de la rentabilidad de las empresas, el alto nivel de ahorro corporativo chino obedece en parte a una estructura financiera dominada por los bancos de propiedad estatal y por los mercados bursátiles con entrada restringida.
Las bajas tasas de interés reales de los depósitos bancarios ofrecen un incentivo a las empresas para reciclar sus utilidades no distribuidas en nuevas inversiones, aunque sean en proyectos marginalmente poco productivos.
En resumidas cuentas, el exceso de ahorro de los hogares, el de los grupos corporativos y la alta productividad de sus empresas se traducen en: exceso de capitales buscando rentabilidad, el desempleo y subempleo de la mano de obra, desequilibrios entre el ahorro e inversión, y un lento desarrollo de los mercados financieros por su baja inclusión, dada las restricciones propias del sistema socialista de China.
El autor es economista
La publicación China y el equilibrio de los mercados emergentes en Asia apareció primero en El Día.


