El rover Perseverance de la NASA llegó a Marte en febrero de 2021 para buscar indicios de vida microbiana pasada, recolectar muestras y preparar la exploración humana. Sin embargo, antes de posarse sobre la superficie marciana, la nave tuvo que desprenderse de varias piezas de hardware que ya no necesitaba para completar el aterrizaje, por lo que determinados componentes acabaron impactando contra el terreno y provocaron hasta cinco pequeños cráteres.
Estos impactos no formaban parte del objetivo científico inicial de la misión, pero años después se han convertido en una oportunidad para estudiar mejor la superficie del planeta rojo, conocer las características del terreno y comprobar hasta qué punto los modelos empleados para estudiar otros cráteres marcianos se ajustan a la realidad.
¿Qué piezas soltó Perseverance antes de llegar a Marte?
Perseverance viajó hacia Marte protegido por varias estructuras que fue desprendiendo a medida que avanzaba en su aproximación al planeta.
Inicialmente, el rover estaba protegido por un etapa de crucero para mantener el rumbo durante el viaje interplanetario, una cápsula de protección para envolver al rover durante la entrada en la atmósfera marciana y, además, una etapa de descenso que estaba equipada con motores para controlar el aterrizaje. Pero unos minutos antes de entrar en la atmósfera de Marte, Perseverance se separó de la etapa de crucero porque ya había cumplido su función.
Después, durante la fase de entrada, descenso y aterrizaje, fueron expulsados dos bloques de tungsteno de unos 77 kilos cada uno, utilizados como masas de equilibrado para ajustar el comportamiento de la nave durante el descenso. Y como resultado, los bloques fueron lanzados a gran velocidad y acabaron impactando contra la superficie marciana unos cinco minutos antes de que Perseverance llegara al suelo, provocando hasta cinco cráteres.
Los secretos que esconden los cráteres originados por Preseverance
Según un estudio publicado en Geophysical Research Letters, dos de los cráteres fueron producidos por los bloques de tungsteno y otros tres se debieron a fragmentos de la etapa de crucero.
Ahora, tras al conocer con precisión qué objetos los provocaron, los científicos han podido utilizarlos como una especie de experimento de impacto natural para estudiar las propiedades del terreno marciano.
Como resultado, el análisis de estos impactos ha permitido estimar que el terreno tiene una cohesión de unos 7 kilopascales, propia de un material arenoso y poco compacto. Además, los resultados han sugerido que algunos de los modelos utilizados para calcular la relación entre los cráteres y los objetos pueden necesitar una recalibración.
Asimismo, la investigación muestra que los componentes desechados durante los aterrizajes pueden convertirse en una herramienta científica inesperada, ya que al conocer con precisión las características del objeto que impacta y del cráter que produce, los científicos pueden obtener más información sobre la superficie de Marte y mejorar la interpretación de otros cráteres cuyo origen se desconoce.


